En el tiempo la mano baja sin tocar, y en el «y» sube y toca. Lo difícil no son los acordes —son chicos a propósito—: es sentir el contratiempo sin que nada lo marque. Y como es un shuffle, el «y» no cae en la mitad del tiempo: llega tarde, largo-corto.
Doce compases, un acorde por compás, con el cambio rápido al La7 en el segundo. Es la del Guitar Pro y es la que toca la banda.